lunes, 6 de septiembre de 2010

El secreto de la religión pura. Por Ricardo Bentancur

Los seres humanos tenemos la costumbre de separar las diferentes áreas de la vida en compartimientos distintos: Una cosa es el trabajo, otras las tareas hogareñas, y otros son los espacios para el deporte y la recreación. ¿Y dónde queda la religión? En primera instancia pareciera que está en otro compartimiento, separado de los anteriores. ¿Acaso no la mantenemos ligeramente distante de los diferentes ámbitos de relación con los demás seres humanos? Así pues, en nuestra era moderna, pareciera acentuarse la separación entre los dos planos que abarcan todas nuestras relaciones: el que pertenece a Dios, para elevar nuestro corazón y adorarlo; y el que pertenece al prójimo, donde entran desde los familiares, los amigos y compañeros de trabajo hasta la más anónima persona con la que me crucé hoy de mañana. Por eso, cuando se trata de practicar una religión pura nos esforzamos por dejar fuera de ese ámbito todo lo que se interponga entre Dios y nuestra alma. Esta separación nos parece muy natural y evidente... continúe leyendo en ARTÍCULOS / OJO ADVENTISTA, haciendo clic aquí.

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