Cuando otros te hieren. Por Robert Ramsay
Orar por el perdón parece ser mucho más fácil que perdonar a otros. Lecciones de una experiencia personal
Los platos eran muy sabrosos. La compañía, afable. La sobremesa,
animada. La vista a las montañas y el lago, espectacular. Me sentí feliz de haber aceptado la invitación para cenar con Gladys y Alberto* en su nueva propiedad junto al lago. Acompañé a Alberto a su oficina para ver algunas artesanías indígenas que había traído
de Bolivia.
Pocos minutos después, mientras me dirigía a la sala, alcancé a divisar que Gladys mostraba a las demás visitas la fotografía que yo les había llevado como regalo para su nuevo hogar.
“Linda fotografía, pero el marco es de mala calidad”, alcancé a escuchar que decía Donaldo.
Me quedé helado allí en el pasillo, un tanto ruborizado y sintiéndome herido. ¿Era esa la voz de Donaldo? ¿Por qué había dicho semejante cosa? No había razón para que me rebajara con un comentario tan cáustico... continúe leyendo en ARTÍCULOS de OJO ADVENTISTA, haciendo clic aquí.
Los platos eran muy sabrosos. La compañía, afable. La sobremesa,
animada. La vista a las montañas y el lago, espectacular. Me sentí feliz de haber aceptado la invitación para cenar con Gladys y Alberto* en su nueva propiedad junto al lago. Acompañé a Alberto a su oficina para ver algunas artesanías indígenas que había traído
de Bolivia.Pocos minutos después, mientras me dirigía a la sala, alcancé a divisar que Gladys mostraba a las demás visitas la fotografía que yo les había llevado como regalo para su nuevo hogar.
“Linda fotografía, pero el marco es de mala calidad”, alcancé a escuchar que decía Donaldo.
Me quedé helado allí en el pasillo, un tanto ruborizado y sintiéndome herido. ¿Era esa la voz de Donaldo? ¿Por qué había dicho semejante cosa? No había razón para que me rebajara con un comentario tan cáustico... continúe leyendo en ARTÍCULOS de OJO ADVENTISTA, haciendo clic aquí.













